Historia
Cierto
día, cuando los hermanos Zipi y Zape estaban jugando al fútbol junto a un
viejo caserón, al lanzar el balón demasiado alto, éste cayó con tan mala
fortuna que rompió una de las ventanas.
A
pesar del aspecto tenebroso del caserón, se atrevieron a pasar para buscar
su pelota perdida y continuar jugando. La puerta estaba abierta, cruzado
el umbral se encontraron una inhóspita estancia, al parecer deshabitada.
Recorrieron las habitaciones, pero no hallaron ni rastro del balón, sólo
sentían un gélido aliento en la nuca. Lo que sí encontraron fue una gran
cantidad de extrañas bestias, por suerte enjauladas.
Siguieron
mirando y encontraron una gran sala llena de todo tipo de artefactos experimentales,
monitores, gráficos, dibujos y esquemas de monstruos, etc., y una mesa enorme
cubierta de papeles y extraños artilugios.
Un
gigantesco sillón de cuero llenaba el lugar, y hundido en él un viejo científico
que parecía ser el dueño de aquella casa. En una esquina asomaba el balón
de Zipi y Zape.
Los
chicos deciden soltar a una de las bestias para asustar al anciano, pero
surgió un problema y se escaparon todos los bichos que estaban encerrados.
El
científico, mesándose los blancos cabellos, les explicó que eran especies
muy difíciles de capturar, que formaban parte de un importantísimo experimento
para el Ministerio de Asuntos Genéticos y que era de vital importancia recuperarlos
de nuevo.
Zipi
y Zape tendrán que volver a capturarlos para poder recuperar por fin su
balón. |